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Hipertensión pulmonar: qué es y cómo tratarla

La hipertensión pulmonar es una enfermedad cardiopulmonar que se caracteriza por un aumento de la presión en las arterias pulmonares, que son las que llevan la sangre desde el corazón a los pulmones, y que acaba afectando a la parte derecha del corazón dilatándolo y provocando su fallo.

Según explica el Dr. Francisco Muñiz González, médico especialista de nuestro Servicio de Neumología, las causas de la hipertensión pulmonar son muy diversas. “La más común son las enfermedades del corazón y de sus válvulas. Pero las enfermedades pulmonares crónicas como la EPOC, las enfermedades intersticiales, la apnea del sueño y algunas enfermedades reumatológicas, como la esclerodermia, también favorecen la hipertensión pulmonar”.

Algunos casos pueden tener un origen genético y hereditario, mientras que en otros se desconoce su origen. Por último, el consumo de determinadas drogas y ciertos fármacos de forma crónica para el control de enfermedades del hígado, tromboembolismos pulmonares crónicos y otras enfermedades consideradas como “raras”, también pueden provocar hipertensión pulmonar.

Signos de alarma

En cuanto a los signos de alarma, “no existen síntomas específicos de la enfermedad y pueden confundirse con otras enfermedades pulmonares y cardiacas”, apunta nuestro neumólogo.

Los casos leves pueden ser asintomáticos, pero lo habitual es que aparezca dificultad para respirar y fatiga con esfuerzos como subir cuestas o escaleras. “Cuando la enfermedad avanza pueden aparecer mareos e incluso síncopes (pérdida de conocimiento) con los esfuerzos. Es común también la aparición de hinchazón en las piernas debido a la acumulación de líquidos que el corazón es incapaz de bombear”.

Por lo tanto, ante estos signos de alarma es importante acudir al especialista para que pueda confirmar si se trata de hipertensión pulmonar o de otro trastorno.

sangre

Diagnóstico

Para diagnosticar la hipertensión pulmonar se hace una ecografía del corazón. “En ocasiones, con esta simple prueba y con un diagnóstico previo de una enfermedad, cardiaca o pulmonar que la justifique, no habría necesidad de más pruebas. En otros casos será necesario hacer un cateterismo cardiaco, que consiste en la introducción de un catéter a través de una vena periférica, generalmente de la pierna o del antebrazo, directamente en el corazón y medir la presión en él”, señala el Dr. Francisco Muñiz González.

Además, para conocer la causa de la hipertensión pulmonar serán necesarios análisis, una Tomografía Computarizada (TC) de tórax, medición de la función pulmonar y una ecografía abdominal, entre otras posibles pruebas.

Tratamiento

El tratamiento de la hipertensión pulmonar pasa por tratar su causa. Si se debe a un tromboembolismo, se tendrá que extraer el trombo mediante una intervención quirúrgica. “Otros casos pueden tratarse con fármacos que dilatan el calibre de las arterias pulmonares (vasodilatadores) o disminuyen la cantidad de líquido (diuréticos) para que el corazón trabaje con menos carga, reducen la dilatación del corazón y mejoran los síntomas”.

Por otra parte, el paciente con hipertensión pulmonar puede tomar algunas medidas para mejorar sus síntomas, como por ejemplo hacer ejercicio aeróbico de manera frecuente, rehabilitación respiratoria o usar oxígeno para la deambulación en los casos avanzados. También es importante evitar un embarazo, ya que eleva el riesgo de mortalidad, y vacunarse frente a la gripe y el neumococo, puesto que las personas con hipertensión pulmonar son más propensas a sufrir neumonías.

 

 

Contenido validado por el Dr. Francisco Muñiz González, médico especialista del Servicio de Neumología del Hospital Universitario de Torrejón



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