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¿Qué es la broncoscopia y cómo se realiza?

La broncoscopia es una prueba médica que consiste en la visualización directa del sistema bronquial para el diagnóstico. En ocasiones, también se utiliza para el tratamiento de enfermedades pulmonares. Por ejemplo, como tratamiento para el cáncer de pulmón, infecciones y enfermedades intersticiales. “La broncoscopia es indispensable para el diagnóstico final de estas enfermedades. Ya que permite obtener muestras como biopsias del tumor o cultivo de aspirados para microbiología”, explica el Dr. Francisco Muñiz González, médico especialista de nuestro Servicio de Neumología. 

¿Cómo se realiza una broncoscopia?

La prueba se realiza con un broncoscopio, que es un tubo flexible de fibra óptica, de unos 0,5 – 0,6 cm de diámetro externo. Este tubo se encuentra conectado a una cámara. Se introduce por las fosas nasales, o en su defecto por la boca si hay deformidades nasales importantes que impidan su paso. A través de ahí se llega a los bronquios donde se obtienen muestras, cepillados o aspirados para el estudio de las enfermedades pulmonares. 

Si te han indicado una broncoscopia no debes preocuparte. “Se lleva a cabo con sedación superficial, de manera que podrás respirar por ti mismo aunque no seas consciente de la prueba. Además, se te administrará anestesia local en la nariz y las cuerdas vocales, lo que mejora aún más la tolerancia y el confort”, señala Mónica González Hidalgo, técnico auxiliar de enfermería del Servicio de Neumología.  

La broncoscopia se hace de manera ambulatoria; es decir, que no requiere ingreso hospitalario y, salvo complicaciones, que son muy poco frecuentes, podrás volver a casa a las pocas horas por tu propio pie. 

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Preparación para la prueba

Eso sí, para que te hagan la broncoscopia necesitas cierta preparación: no podrás comer ni beber nada durante las 12 horas previas a la prueba. De este modo evitaremos complicaciones de broncoaspiración (paso de contenido alimenticio a los pulmones). También es importante suspender, siempre bajo control médico, el tratamiento con anticoagulantes o antiagregantes unos días antes de la prueba. Ya que lo anticoagulantes pueden elevar el riesgo de sangrado. Tu médico te indicará si debes tomar otra medicación alternativa durante esos días.  

“Si estás tomando medicación inhalada para enfermedades obstructivas pulmonares como la EPOC o el asma, es conveniente que la tomes la mañana de la prueba. El resto de tratamientos, salvo que sea totalmente indispensable, no se deben tomar la mañana de la prueba siempre que así lo indique tu médico”, apunta el Dr. Francisco Muñiz González. 

Recomendaciones tras la prueba

Si la broncoscopia ha sido ambulatoria, pasarás al Hospital de Día para recuperarte y en poco tiempo podrás irte a casa. “Después de la prueba tendrás que seguir algunas recomendaciones. Como no comer o beber en las dos horas posteriores a la broncoscopia debido a la anestesia. Si puedes evitarlo, no conduzcas o trabajes ese día, ya que puedes sentirte un poco mareado por la sedación. Lo mejor es que pases un día tranquilo y retomes tus actividades con normalidad al día siguiente”, indica Mónica González Hidalgo.  

Aunque como hemos dicho no suele haber complicaciones. Si notas algún signo de alarma, como “fiebre elevada, dificultad para respirar, dolor torácico intenso o sangrado importante, debes acudir a Urgencias para tratar posibles complicaciones”, recomienda nuestro neumólogo.  

 

Contenido validado por el Dr. Francisco Muñiz, y Mónica González Hidalgo, médico especialista y técnico auxiliar de enfermería del Servicio de Neumología.



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