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Manchas rojas o angiomas en el recién nacido: ¿cuándo preocuparnos?

Las manchas rojas, rosada o violácea, también denominados angiomas, en los niños recién nacidos, o que aparecen con pocas semanas de edad, suelen ser un motivo de consulta frecuente. Lo habitual es que no revistan gravedad ni den complicaciones, y el único inconveniente suele ser estético. Sin embargo, en ocasiones estas manchas pueden causar problemas, ulcerarse, sangrar o estar asociadas a otras enfermedades. Por ello, es importante vigilarlas.  

Tipos de angiomas

Lo primero que hay que señalar es que no todas las manchas rojizas son iguales. Lo fundamental es hacer un buen diagnóstico. Aunque hay muchos tipos, los más frecuentes suelen ser los hemangiomas infantiles y las malformaciones capilares, según explica el Dr. Javier Alcántara, especialista en Dermatología de nuestro Hospital.  

angiomas

“Los hemangiomas infantiles suelen aparecer a las pocas semanas de vida. Aunque en ocasiones pueden estar presentes desde el nacimiento, generalmente en forma de mancha rosada. Tienen un periodo de crecimiento que suele prolongarse hasta el año de edad y que a veces puede ser muy marcado para, posteriormente, ir involucionando a lo largo de los años”, señala nuestro especialista. 

Los hemangiomas infantiles son lesiones benignas que en la mayoría de las ocasiones no requieren tratamiento. Pero a veces pueden complicarse, por ejemplo, por una ulceración, sangrado o dejar lesiones residuales antiestéticas permanentes. “En estos casos es necesario un tratamiento activo y, generalmente, cuanto más precoz sea, mejor será el resultado. Por ello, es importante que se derive el caso al especialista siempre que haya dudas”. 

Las malformaciones capilares, por su parte, están siempre presentes desde el nacimiento y permanecen durante toda la vida. No tienen fase de crecimiento, pero sí pueden ir oscureciéndose con la edad. 

Tanto los hemangiomas infantiles como las malformaciones capilares pueden localizarse en cualquier zona del cuerpo, pero la cabeza suele ser la zona más afectada. En todo caso es importante consultar siempre al pediatra cuando se descubran este tipo de lesiones para que determine cuáles necesitan tratamiento e iniciarlo lo antes posible. 

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¿Cuál es el tratamiento? 

“Generalmente, cuando se decide hacer un tratamiento suele ser desde un punto de vista ‘cosmético’. No obstante hay que tener en cuenta que algunas malformaciones capilares pueden formar parte de síndromes más complejos, como el de Sturge-Weber o de Klippel-Trenaunay, por lo que conviene que sean valoradas de manera más específica”. 

Muchos hemangiomas infantiles no necesitarán tratamiento, y en el caso de que sea necesario pueden tratarse con varios fármacos orales. Las malformaciones capilares, por su parte, se tratan con láser vascular. “No obstante, hay que tener en cuenta que el láser no es un ‘borrador’ y, aunque a veces se puede conseguir una resolución completa de la lesión, en muchas ocasiones lo que conseguiremos será un aclaramiento parcial. El inconveniente es que es un tratamiento doloroso (en niños pequeños puede ser necesaria la anestesia general) y que en manos no expertas puede dejar cicatrices antiestéticas. Por ello, es importante acudir a un centro experimentado cuando se hace este tratamiento por motivos estéticos”, concluye nuestro especialista.  

 



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