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Parkinson, algo más que un temblor

Síntomas

El temblor es el principal síntoma del Parkinson, pero no quiere decir que si una persona tiembla al hacer una cosa va a tener esta enfermedad. Porque, tal y como nos comenta nuestro aneuróloga, la Dra. Miriam Eimil, el Parkinson tiene además lo que se denominan síntomas motores y  un montón de síntomas  «no motores» que pueden afectar a cualquier parte de nuestro organismo, como a la rapidez de pensamiento, atención y lenguaje.

Pueden afectar al ánimo, al carácter, en forma de impulsos, tozudez, producir mucho sueño o poco sueño; alterar los sentidos, como la vista y el olfato o el tacto. Problemas del tracto digestivo desde la acumulación de saliva hasta estreñimiento, pasando por digestiones lentas y problemas para tragar. El sistema cardiovascular también puede verse comprometido con presión arterial baja y mareos o hasta pérdidas de conocimiento, mientras que en la piel los problema ser traducen en cambios en el sudor o dolores raros. Asimismo, pueden surgir problemas de continencia de orina o de tipo sexual.

Los síntomas aparecen de forma progresiva y hay algunos que pueden verse incluso antes de que haya alteración del  movimiento, como ciertos problemas de sueño, la pérdida del olfato o la lentitud de pensamiento. Luego aparecen los síntomas motores, siendo el temblor el que más se nota la gente y al que se van sumando otros problemas, como problemas para tragar (disfagia), o estreñimiento.

Prevención

La Dra. Miriam Eimil dice que no hay forma de prevenir de un modo directo y eficaz al 100% la aparición de ninguna enfermedad degenerativa, y el Parkinson no es una excepción, “pero sí podemos intentar llevar un estilo de vida saludable de modo que si nos afecta sea lo más tarde posible o nos pille lo más preparados posibles: en forma física, con una buena reserva cognitiva por haber trabajado «el coco», y con un sistema cardiovascular mimado por una dieta sana rica en verduras, frutos secos, pescados, aceite de oliva…”, enumera nuestra neuróloga.

En líneas generales suele aparecer una vez que se han cumplido 50 años, pero es más frecuente por encima de los 60.

Tratamientos

La buena noticia es que los tratamientos son efectivos, independientemente de que el paciente esté en una fase avanzada. “El efecto será menos «resultón» en un paciente con la enfermedad avanzada que en uno que la tiene leve, pero  siempre habrá respuesta en alguno de  los síntomas, y eso es muy importante, porque hay enfermedades en que los tratamientos sólo funcionan en algunas fases”.

Porque el tratamiento no es solo farmacológico, sino que también hay que apoyarse en la fisioterapia, psicoterapia, logopedia, estimulación cognitiva… “No se puede olvidar que si sólo hacemos el tratamiento farmacológico estamos perdiendo armas para hacer frente a una enfermedad que, afortunadamente, hemos logrado domesticar algo pero que es degenerativa e incurable”.

Al hablar de tratamiento no podemos dejar de mencionar la electroestimulación cerebral. Nuestra neuróloga nos recuerda que antes se aplicaba en pacientes en fases avanzadísimas en quienes apenas se lograba ver el efecto de los tratamientos orales porque se complicaban. “Ahora se aplica cuando no logramos una buena calidad de vida del paciente poniendo todas las medidas posibles de tratamientos orales”.

Además de la estimulación cerebral profunda, está la estimulación dopaminérgica continuada, que son sistemas para administrar fármacos en bombas portátiles que el paciente lleva, que tienen unos resultados casi equiparables a la cirugía en algunos aspectos y que se pueden aplicar de manera mucho más universal que la estimulación cerebral profunda.

 

 

Contenido validado por la Dra. Miriam Eimil, Facultativo del Servicio de Neurología del Hospital Universitario de Torrejón

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