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Trastorno fóbico: cuando el miedo supera todos los límites

El miedo es una respuesta natural del ser humano, fundamental para nuestra supervivencia. Sin embargo, cuando el temor es exagerado e incontrolado podemos estar ante un trastorno fóbico o fobia, que genera un gran sufrimiento y puede incapacitarnos en nuestra vida diaria. El doctor Manuel García Mayo, psiquiatra de nuestro hospital, nos explica en qué consiste la fobia y cuáles son los mecanismos que intervienen en su aparición.

¿Cómo actuar ante el miedo?

Todos los animales aprenden a temer aquello que les puede causar dolor o sufrimiento. Les va la vida en ello. Su supervivencia depende de poder detectar a tiempo el peligro y escapar. Los seres humanos no somos tan diferentes, aunque tal vez algo más complejos. Nuestro cerebro privilegiado nos permite cosas que les están vetadas a otras especies en la naturaleza: podemos anticipar el futuro, fantasear e imaginar, y recordar el pasado.

La mente del ser humano no está limitada por el tiempo, como ocurre en el resto de las especies animales. Y esta peculiaridad tiene un precio: dicen que “la depresión es un exceso de pasado” y que “la ansiedad es un exceso de futuro”. Y puede que realmente sea así.

Sufrimos por el peligro que quizá venga en algún momento indeterminado, y nos torturamos con los recuerdos de aquellos momentos en los que quizá no supimos actuar mejor.

El miedo en su dosis correcta es un mecanismo de defensa para evitar daños; pero como ocurre con las enfermedades autoinmunes, a veces el mecanismo no funciona bien y responde de una manera exagerada ante estímulos menores o se activa cuando no debería. En medicina este problema se denomina fobia.

Definición del miedo (fobia)

El trastorno fóbico o fobia se define por la desproporción que se produce entre la intensidad de la respuesta fisiológica/cognitiva/emocional y el estímulo que la provoca. Así, un estímulo que para la mayoría de la población resultaría “neutro”, desencadena una respuesta de pánico en la persona que ha desarrollado una patología fóbica.

Ejemplos de ello podrían ser la fobia a los espacios cerrados o claustrofobia y la fobia a las alturas o acrofobia. Temer quedar atrapado en una cueva ayuda a sobrevivir, igual que tener miedo a asomarse por un precipicio. Pero sufrir una crisis de pánico al permanecer cinco minutos en un ascensor o una intensa ansiedad al subir a un segundo piso, son respuestas disfuncionales del mecanismo de defensa del miedo.

Fobia social, a los animales, a las tormentas o a la oscuridad, a conducir, a subir a un avión, a tragar, al agua, a la sangre… y así un sinfín de miedos patológicos que no tienen más fundamento que la proyección de un problema interno en un objeto externo.

Diagnóstico del miedo (fobia)

El diagnóstico de un trastorno fóbico implica un elevado grado de incapacitación y sufrimiento para el paciente, basado principalmente en que el miedo le llevará a actuar de una forma poco racional buscando desesperadamente la evitación del estímulo fóbico, a pesar de que eso perjudique incluso más su vida que el hecho de enfrentarlo.

Entre las características que la ciencia ha estudiado sobre la emoción del miedo sabemos que se trata de una emoción primaria y universal en todos los seres humanos, innata, con sustrato filogenético y neural, con capacidad para ser inducida y sugestionada, y susceptible de un aprendizaje de tipo condicionado o de un tipo vicario.

Sin embargo, a pesar de la universalidad de esta emoción, la susceptibilidad al miedo y los estímulos que lo desencadenan es muy variable entre las personas, teniendo  en cuenta su diferente biología, cultura e historia biográfica.

Mecanismos del miedo (fobia)

Por último, el doctor García Mayo apunta que para entender la patología fóbica es importante conocer los mecanismos que llevan a que este trastorno se haga crónico y se perpetúe en el tiempo:

  • Ansiedad anticipatoria desencadenada ante la posibilidad de enfrentarse al estímulo fóbico, basada en la sugestión que provocan cogniciones e imágenes mentales catastróficas.
  • Respuesta en forma de crisis de pánico con alteración fisiológica, experiencia emocional de terror, y vivencia cognitiva de descontrol. En el plano fisiológico se pone en marcha todo un conjunto de respuestas fisiológicas características de un aumento de la actividad del sistema nervioso autónomo, tales como el aumento de la tasa cardiaca y respiratoria, inhibición de la salivación, contracciones estomacales, náuseas, diarrea, elevación de la presión arterial, sudoración, y aumento de la tensión muscular, con contracturas musculares y movimientos involuntarios (en forma de temblor, etc).
  • El foco de atención no se dirige a la situación sino a la propia reacción de pánico y a la incapacidad para dominar el miedo.
  • Conducta de evitación como intento del paciente para reducir su malestar que impide los mecanismos de habituación al objeto fobógeno y supone un refuerzo condicionado negativo que perpetúa el problema.
  • Obsesión mental cuando el objeto fóbico ya no se encuentra presente. El problema persiste en forma de idea rumiatoria más o menos prolongada en el tiempo y que incrementa el dolor psíquico y la sensación de daño psicológico.

Por lo tanto, la fobia no solo es miedo y huida para ponerse a salvo, sino que supone una experiencia de fracaso emocional puesto que el paciente fóbico no puede huir de sí mismo y de su conciencia, que le dice “no superaste la prueba”, “no puedes y no podrás”.

 

Texto avalado por  el doctor Manuel García Mayo, psiquiatra del Hospital Universitario de Torrejón.



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